En 1520, las Islas Malvinas fueron descubiertas por la expedición de Magallanes. Toda la parte sur de las Américas, su litoral, sus mares e islas permanecieron bajo soberanía española en virtud de varios tratados firmados durante el período histórico, tales como el Tratado Americano de 1670 entre España e Inglaterra.

En 1764, Francia estableció el asentamiento de Port Louis en Isla Soledad. España protestó y Francia se retiró en 1767, en un reconocimiento de mejor título de España. Inglaterra ya había reconocido la soberanía de España sobre las Islas Malvinas cuando desistió de llevar a cabo una expedición en 1749 a raíz de las demandas de España.

En 1820, las Provincias Unidas del Río de la Plata enviaron al Coronel David Jewett a tomar posesión de las islas, tal como se reflejó en los periódicos internacionales de la época. El gobierno argentino llevo a cabo varios actos soberanos sobre las Islas, al designar gobernadores, sancionar la legislación en materia de pesca y otorgar concesiones. En 1825, Gran Bretaña reconoció a la Argentina como Estado soberano, y no hizo reservas de ningún tipo sobre el ejercicio de la soberanía de la Argentina sobre las Islas Malvinas, que ya era pública y pacífica.

El 3 de enero de 1833, la corbeta Clio de la Armada Real británica invadió las Malvinas en nombre de la Corona, y se apoderó por la fuerza de Puerto Soledad. El 15 de enero- es decir 12 días después de la invasión-, el Gobierno argentino protestó ante el Encargado de Negocios de la Corona Británica en Buenos Aires, quien respondió que carecía de instrucciones.

El 24 de abril de 1833, el Representante argentino en Londres presentó una nota de protesta al Gobierno de Su Majestad, que reiteró el 17 de junio, en un memorando largo y documentado.

Desde entonces, Argentina ha reiterado sus protestas contra el acto de la fuerza y la ocupación ilegal de parte integrante de su territorio.

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